viernes, 26 de marzo de 2010

Perdona

Habitación añil. Ella.
De repente. Bip bip.
«Mi amor, mañana pasaré a buscarte a las 7. Tengo 1 sorpresa para ti. Siempre dices ke no soy romántiko. Pero ¡para nstro aniversario t sorprenderé!»
Ella lee el mensaje. Es verdad. Mañana es nuestro aniversario. El primero. Demonios. Pero esta noche no podemos pasarnos, mañana tengo control a primera hora. Lo veo venir, me quedaré dormida. Jo. Esta tarde tengo que comprarle un regalo. ¿«Dormida»? ¿«Tengo que»? ¿«Un regalo»? Pero ¿qué estás diciendo? Eh, pssst, te acuerdas, ¿verdad? Es aquel por el que te morías el año pasado. Ese que tiene unas espaldas anchas y ojos de bueno. Ese que tanto les gusta a tu madre y a tu tía. ¿Entendido? Y ése es... ése. Y hoy hace un año que estáis juntos. Tendría que ser «quiero comprarle un regalo», o mejor dicho «el» regalo. ¿Y a quién le importa si nos dan las seis de la mañana? Ya, así es como tendría que ser. Todo un darnos igual. Y felicidad y locura y ganas de correr, de gritar... Y de amar a tope. En cambio, no es así. Pero ¿por qué estoy así? Pienso en dormir en lugar de ponerme contenta por el hecho de salir. Quiero amarlo. Pero no, no. No se dice así. Se dice «lo amo» y basta. La chica corre a su habitación y abre el armario. Una, dos, tres, cuatro perchas con bonitos vestidos cortos colgados. Pero lo que falta no es dónde elegir, sino el deseo de ponerse guapa para él. Luego se detiene a mirarlos uno a uno. Los acaricia con la mano. Se detiene un momento ante uno amarillo y azul, con pequeños dibujos de tipo oriental. Su preferido. Intenta imaginarse vestida de ese modo ante él, en el restaurante. Se estruja la imaginación buscando un regalo que comprarle. Pero no hay alegría. No hay estremecimiento. No hay nada. Silencio. Miedo. Oscuridad. Y se echa a llorar con rabia. Llora porque no siente lo que le gustaría sentir. Llora porque a veces no hay culpa y no quisieras hacer sufrir a nadie, pero te sientes malvada, desagradecida. Preguntas, demasiadas preguntas para ocultar la única verdad que ya conoce. Pero otra cosa es admitirla. Admitirla significa doblar en la próxima esquina y coger otro camino. Luego se busca. Se mira en el espejo. Pero no se encuentra. Es otra.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Cosas que suenan a olvidar

Por fin, pasaron las semanas de agobio, de estudiar a todas horas, de nervios... Pero durará poquito, lo peor está por venir. Pero bueno voy a relajarme a "no agobiarme, a tomarme la vida con filosofía", una vieja frase que me trae tantos recuerdos... Dos días, una pequeña escapada, Salamanca. Para cambiar de aires. Único viaje de este año, un poco triste teniendo en cuenta que es el último (o eso quiero creer). Nos quitaron la ilusión de Londres, cosas que pasan. Y bueno no creo que nada supere París, inolvidable, irrepetible. Aunque hubieramos ido a London no hubiera sido igual, faltaría mucha gente. Pero bueno Salamanca no está tan mal, algo es algo. Último año, no quiero pensarlo. ¿Qué vendrá después? Esta mañana he estado en las jornadas de puertas abiertas de la universidad, imaginarme que al año que viene yo estaré merodeando por los pasillos de la facultad de educación me parece tan ¿lejano?, ¿raro? No sé es que no me veo. Se va acabando una etapa de mi vida para comenzar otra. Lo nuevo, lo desconocido no me gusta. Me da miedo por lo que me pueda encontrar, pero a la vez quiero vivir esa experiencia, la experiencia de ser universitaria. Todo el mundo dice que es la mejor estapa de la vida, no sé por qué será y lo voy a averiguar, porque yo también quiero contar a la gente mi inolvidable etapa. Yo también quiero saber cómo es. Últimamente pienso mucho, demasiado creo, en mi futuro, en lo que voy a hacer. Lo intento planear todo. Será porque en el instituto nos están mencionando cada dos por tres selectividad, universidad. Desde el primer día que pisé el instituto no han parado hablar de junio. Me estoy agobiando con ese tema, mejor dicho: me están agobiando. Estoy deseando que lleguen esos días porque no aguanto a ningún profesor. Por otra parte no quiero porque son muchas cosas, muchos recreos, muchas risas, muchos desayunos, muchos, muchísimos recuerdos. Que esto se acaba y cada uno por su lado, que si a Salamanca, que si a Córdoba... Para mí significan mucho. Y no me quiero imaginar el día de la graduación. Recordaré mil momentos con una gran sonrisa, porque otra cosa no, pero sonrisas miles. Una palabra que lo resume todo G R A C I A S.