Tenemos 5, aparentemente algunos pasan desapercibidos, pero cuando alguno falla se nos viene el mundo encima. El tacto, divertido, espontáneo. Nos hace viajar por todos los recovecos de nuestro hermoso cuerpo. El más mínimo roce te lo dice todo. Ese cosquilleo es capaz de hacer explotar hasta al más tranquilo. Un soplo de viento, tranquilidad absoluta al sentir la mano cercana que nos ayuda en nuestro día a día. La vista, indiscreta, despistada, minuciosa. Lo puede ver todo o puede estar cegada a más no poder. Nos invita a disfrutar de lo que nos rodea, de formas, colores... Un poco subjetiva, a veces nos muestra solo lo que queremos ver y otras nos lo oculta de una forma inconsciente. Para mí los ojos son el verdadero reflejo del alma. No hay nada como mirar los ojos de la gente extraña para imaginar qué tipo de carácter tienen. Ojos enfadados, tristes, deseosos, ardientes, cansados, soñadores, triunfadores, alegres, desafiantes. Redondos, rasgados, grandes, pequeños, cerrados, abiertos. Hablan por sí solos. Es imposible engañar con ellos, ¿o acaso se pueden poner ojos rebosantes de alegría cual sonrisa falsa? El gusto, dulce, amargo, salado. Lo más divertido es explorar nuevas rutas de sabores. Conectar con otras bocas que esperan conexionar con alguna que realmente encaje. Saborear, sentir, dejarse llevar. Actúan por sí mismas, es difícil pararle los pies a la boca una vez que se ha desatado. El oído, meloso, caótico. Escuchar es uno de los grandes placeres de la vida. El oído es el sentido con el que más aprendes. El olfato, ligero, veloz, instantáneo. De una pasada nos transporta al lugar más recóndito de nuestra olvidadiza memoria. Como un relámpago nos sitúa en aquel momento, en aquella instantánea.
Todos son preciosos y todos nos engañan a diario...