lunes, 30 de julio de 2012

Desencuentro con los sentidos

Tenemos 5, aparentemente algunos pasan desapercibidos, pero cuando alguno falla se nos viene el mundo encima. El tacto, divertido, espontáneo. Nos hace viajar por todos los recovecos de nuestro hermoso cuerpo. El más mínimo roce te lo dice todo. Ese cosquilleo es capaz de hacer explotar hasta al más tranquilo. Un soplo de viento, tranquilidad absoluta al sentir la mano cercana que nos ayuda en nuestro día a día. La vista, indiscreta, despistada, minuciosa. Lo puede ver todo o puede estar cegada a más no poder. Nos invita a disfrutar de lo que nos rodea, de formas, colores... Un poco subjetiva, a veces nos muestra solo lo que queremos ver y otras nos lo oculta de una forma inconsciente. Para mí los ojos son el verdadero reflejo del alma. No hay nada como mirar los ojos de la gente extraña para imaginar qué tipo de carácter tienen. Ojos enfadados, tristes, deseosos, ardientes, cansados, soñadores, triunfadores, alegres, desafiantes. Redondos, rasgados, grandes, pequeños, cerrados, abiertos. Hablan por sí solos. Es imposible engañar con ellos, ¿o acaso se pueden poner ojos rebosantes de alegría cual sonrisa falsa? El gusto, dulce, amargo, salado. Lo más divertido es explorar nuevas rutas de sabores. Conectar con otras bocas que esperan conexionar con alguna que realmente encaje. Saborear, sentir, dejarse llevar. Actúan por sí mismas, es difícil pararle los pies a la boca una vez que se ha desatado. El oído, meloso, caótico. Escuchar es uno de los grandes placeres de la vida. El oído es el sentido con el que más aprendes. El olfato, ligero, veloz, instantáneo. De una pasada nos transporta al lugar más recóndito de nuestra olvidadiza memoria. Como un relámpago nos sitúa en aquel momento, en aquella instantánea. 
Todos son preciosos y todos nos engañan a diario...

viernes, 27 de julio de 2012

He vuelto

Después de mucho tiempo, vuelvo. Estos últimos meses mi vida ha sido un caos. Voy a la deriva, sin rumbo, sin un porqué. A veces también es bueno andar por andar, sin tener un objetivo, salir a ver con qué te encuentras. Y así estoy yo. Deambulando de un lado para otro, sin esperar nada, tan solo observando los pasos de mi camino y deseando que se aparezca algo que lo hago épico. Quizá por desgana, quizá por vaguería, o tal vez por pasotismo, miedo, desilusión... Necesito aire, libertad para moverme, para hacer lo que quiera cuando quiera y donde quiera. Cerrar los ojos en un sitio y abrirlos en otro, en el que el azar quiera, lejos o cerca, pero otro. Un nuevo lugar, nuevo ambiente, nuevas caras, nuevas sensaciones. Un nuevo vivir.