sábado, 25 de junio de 2011

3 de la mañana

No podía dejar este día en blanco. Mi loquita se hace aun más mayor. Dentro de poco hará un añito que nos conocemos, que se dice pronto, pero es como si nos conociéramos de toda la vida. Gracias a ti sé que existen personas que cumpen con cosas que jamás creí que nadie hiciera. Tus típicas cosas como no cargar el móvil para 10 minutos, encender la plancha del pelo solo cuando la vas a usar o limpiarse las manos cada vez que se va a tocar el portáil. Infinidad de cosas que no me cabrían aquí. Cosas de madre, de nuestra mami rubia (bueno ahora con su pelo chocolate pero igual de guapa). Muchas veces me arrepiento de haber empezado esta carrera para der en cierto modo el tiempo, pero la verdad es que lo volvería a hacer sin dudarlo. Nunca pensé que un error fuera tan acertado. Echaré de menos esas tonterías en clase, los trabajos html, buscar a Jesús desesperadas por los pasillos, esas discusiones por los colores chillones de Ciara: la tarea más difícil de cualquier trabajo, escuchar a Paco replicar sobre los barroquismos, las pedanterías o las redundancias y hacer experimentos raros con nuestras voces en las clases de Marisa. Pero os tendré por los pasillos, en el piso, en la cafetería, en la resi de Cris, en mi casa, en carnavales, en ferias, en fiestas de la primavera y un gran largo etcétera. Nos queda un verano caluroso con aventura playera incluida que intentaremos planearlo lo mejor posible (si las indecisiones Cris no nos vuelven locas). En fin que nos quedan muchas cosas porque esto no ha hecho más que empezar. Ha sido un placer coincidir con vosotras, gracias por haberme hecho el día a día mucho más llevadero, siempre acompañado por mil y una sonrisas.

martes, 14 de junio de 2011

Un día como otro cualquiera

No soy perfecta, pero intento hacer las cosas lo mejor que puedo. Mucha gente no sabe apreciar cómo soy en realidad. Es verdad que me cuesta mostrarme, pero la gente interesada logra sacar hasta lo más profundo que tengo. He decidido mirar solo por ellas, preocuparme por quien de verdad se lo merece y no necesita hacer un teatro para que todo el mundo compruebe lo bien que se lleva con los demás. Solo quiero vivir mi vida y no tener que arrepentirme de tropezar dos, tres, cuatro, mil veces con la misma piedra. Y sí, me he cansado de luchar para nada, he decidido tomar el camino fácil. Es hora de darme una oportunidad. Sola. Sacaré fuerzas de dónde no las haya y tiraré hacia adelante. Con el paso del tiempo, pero sobre todo estos últimos meses, me he dado cuenta de que las verdaderas personas, las que te quieren y te aprecian de verdad, no necesitan ser buscadas, simplemente aparecen en tu vida. Con un pequeño gesto, un simple qué tal, demuestran mucho. Por esas personas me preocuparé. Gente que me ha hecho darme cuenta de cómo son realmente las cosas. Por ellas, gracias.

domingo, 29 de mayo de 2011

Quizá es mejor así

«Entonces voy a buscar esa película en blanco y negro que ha durado dos años. Toda una vida. Esas noches pasadas en el sofá. Lejos. Sin conseguir darme una explicación. Arañándome las mejillas, pidiendo ayuda a las estrellas. Fuera, en el balcón, fumando un cigarrillo. Siguiendo después ese humo hacia el cielo, arriba, más arriba, más aún... Allí, donde precisamente habíamos estado nosotros. Cuántas veces he nadado en ese mar nocturno, me he perdido en ese cielo azul, llevado por los efluvios del alcohol, por la esperanza de encontrarla otra vez. Arriba y abajo, sin tregua. Por Hydra, Perseo, Andrómeda... Y abajo, hasta llegar a Casiopea. La primera estrella a la derecha y después todo recto, hasta la mañana. Y otras muchas. Y a todas les preguntaba: "¿La habéis visto? Por favor... He perdido mi estrella. Mi isla, que no existe. ¿Dónde estará ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Con quién?" Y a mi alrededor, ese silencio de esas estrellas entrometidas. El ruído molesto de mis lágrimas agotadas. Y yo, estúpido, buscando y esperando encontrar una respuesta. Dadme un porqué, un simple porqué, cualquier porqué. Pero qué idiota. Ya se sabe. Cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto un porqué.»

domingo, 1 de mayo de 2011

Muy pocas personas, demasiada gente

No es buen día para escribir. No sé qué hago mal, no sé qué hacer bien... Cuanto más lo intento peor. Y todo va hacia abajo y yo me hundo, de repente sube y yo asciendo, vuelvo a bajar y me quedo estancada. Paralizada, de la nada saco fuerzas y me sale toda la rabia. De vuelta a empezar. Un ciclo que se repite y se repite y se vuelve a repetir. Mientras tanto otros miran y solo se limitan a eso. Mucha gente alrededor, pero nadie que se entere de qué va la cosa (o no se quiere enterar). Es todo mucho más fácil si se gira la cara, si se le da la espalda, si se tapa con un poco de maquillaje... ¿Y cuando el maquillaje se acaba? Se ve la parte fea, claro. No pasa nada, se vuelve a recurrir al maquillaje para tapar la parte que no queremos ver. De nuevo todos contentos, viviendo una realidad que de real tiene poco, yo la denominaría "falsalidad". A nadie parece importarle nada vivir esta "falsalidad", parecen todos muy contentos.

lunes, 11 de abril de 2011

Que me quieras como te quiero yo

Hay veces que estaría más guapa con la boca cerrada, pero es inevitable. No puedo hacer como me si fuera indiferente, es superior a mis fuerzas. Cuando veo que tiene que pasar algo y no pasa, actúo. En ese momento no sé cómo reaccionar, qué hacer, y actúo mal. Muy mal. Y después me arrepiento, y pienso: "¿Qué he hecho?". Pero ya no hay vuelta atrás y ese sentimiento de culpabilidad aparece. Poco a poco coge fuerza y cada vez se va haciendo más y más grande... ¿Y cómo quitartelo de encima? Lo único que quiero es borrar esos momentos, pero tarde. Es verdad, también, que prefiero lamentarme por algo que he hecho que por algo que no he hecho; porque si me hubiera quedado quieta, si no hubiera dicho nada, ¿qué habría pasado? Pues probablemente mucho menos. Me cansa mover sola los hilos, para bien o para mal. Si siempre soy yo, es normal que me equivoque. Esas situaciones me sirven para aprender y para rectificar. Tengo muy claro lo que no quiero, pero más claro lo que quiero: ser feliz. A mi manera lo voy consiguiendo. De todos modos mis reacciones no fueron forma de hacer las cosas, lo siento. A veces se me olvida todo lo que eres, todo lo que soy, y es demasiado. Muchas veces me pregunto si me quieres, que tontería... ¿cómo no me vas a querer? con todo lo que me aguantas, con todo lo que me perdonas. Y ¿cómo no te voy a querer? si tú eres mi mitad, quien me hace cosquillas para que me ría y quien sonríe cuando me ve dormir...

jueves, 24 de marzo de 2011

Enamorarse y no

Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido,
la desdicha se llena de milagros,
el miedo se convierte en osadía,
y la muerte no sale de su cueva.

Enamorarse es un presagio gratis,
una ventana abierta al árbol nuevo,
una proeza de los sentimientos,
una bonanza casi insoportable,
y un ejercicio contra el infortunio.

Por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba,
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo.

Mario Benedetti

miércoles, 23 de marzo de 2011

Nueve

Esa historia tendría que seguir. Te fuiste pronto. Aunque haya pasado el tiempo no hay un solo día que no me acuerde de ti. Un ejemplo a seguir. ¿A quién le cuento yo ahora dónde he estado, las cosas que he hecho? ¿A quién le enseño mis fotos y le explico lo que tengo que estudiar? Uno de los pilares más importantes se derrumbó... Me gustaría volver a darte un abrazo y ver tu sonrisa. Ver esos ojitos azules cómo se iluminaban al vernos. Me tengo que conformar con simples recuerdos. Echo mucho de menos muchas, muchísimas cosas. Te echo de menos a ti. Has dejado un gran hueco imposible de rellenar. Un enorme vacío que solo puede ser ocupado por momentos que tengo grabados en mi mente y que jamás se van a poder olvidar. Los días 23 siempre son tristes, pero voy a sacar fuerzas y entre lagrimillas va a aparecer una sonrisa porque me siento afortunada de haber tenido a mi lado durante 18 años a una persona maravillosa, mucho más que una simple persona: una segunda madre.