sábado, 18 de diciembre de 2010
Reflexiones de última hora
Sábado 18 de diciembre. 2:00 de la mañana. Sola. Aburrida. Amargada e incluso agobiada. Llueve mucho, lo bastante como para quitarme las ganas de salir a la calle a pasar frío y mojarme. Un poco harta de todo. La rutina. Acabo de ver una peli, y me ha dado que pensar... No se puede desperdiciar ni un sólo momento, hay que vivir todo lo que se pueda al máximo. Siempre se tienen problemas, sí. ¿Hay que preocuparse? Claro. Pero lo mínimo. Cuando estás bien, cuando eres feliz, cuando crees que no se puede estropear ese pequeño momento de felicidad siempre aparece alguien o algo que lo tiene que estropear. ¿Por qué?, mejor dicho: ¿para qué? Llamar la atención quizá... La verdad no lo sé (ni me importa). A veces crees que hay gente a tu alrededor que te necesita y que piensas que eres importante, pero hace falta que ocurran cosas no muy buenas para darte cuenta de que no es así. Todo falso. Y me alegro, porque sé quienes merecen la pena y quienes no. No se puede querer ser siempre el centro de atención. No se puede estar siempre hablando sin saber y tampoco se puede saber todo de todo el mundo. Los amigos de verdad se cuentan las cosas. Se escuchan e intentan ayudarte. Te hacen ver el vaso medio lleno cuando tú lo ves medio vacío, no intentan vaciarlo y hundirte más. Se supone que te tienen que intentar sacar una sonrisa y para ello tienen que escuchar y entender lo que te pasa. Sabes si un amigo es de verdad cuando después de estar sin veros 6 meses y por fin se recupera la amistad le cuentas las cosas como si nada. Y tu amigo, por eso se llama así, te escucha como hace 6 meses atrás. No son dos personas extrañas que no saben de qué hablar, no, son dos amigos. Con todas las letras. Y los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano. Hay mucha gente que el concepto de amistad lo tiene poco claro. Un amigo nunca habla mal de ti, ni le cuenta tus cosas a nadie. Un amigo no surge de la noche a la mañana por muchas cosas de su vida que te cuente. Un amigo de verdad se va haciendo día a día y año tras año. Estoy segura, segurísima de que quién tenga un amigo no necesita tener a ninguno más. Estoy cansada de ver como la gente se dice te quiero por decir. Muy falso. ¿De qué sirve? A mí no me hace sentir mejor que una persona que conocí hace tres días me diga te quiero. Vivimos en un mundo raro. Todo el mundo quiere aparentar lo que no es. Todo el mundo quiere creer, y lo que es peor, demostrar que no está solo, que se lo pasa muy bien con sus "amigos". Como conclusión: todo da bastante asco.
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