
Estrenamos año. Presiento que el 2011 viene cargado de felicidad, toda la felicidad que me faltó en 2010. Un año duro, difícil, pero sobre todo triste, muy triste. Se fue una de las personas más importantes para mí. No hay ni un sólo día que no me acuerde de ella, de su forma de ser, de sus frases, de sus cosas... También ha habido alguna que otra alegría, un niño precioso que cada día está más grande y más guapo. Un año de cambios, cambios inesperados. He luchado por todo lo que me he propuesto y he conseguido superar todas mis metas. Este año tengo nuevos retos, nuevos propósitos, y tengo pensado volver a superarlos. Tengo el presentimiento de que todo irá bien, algunas veces mejor, otras peor, pero bien. Espero no equivocarme. A veces tengo la sensación de ser muy optimista, demasiado. Siempre pensando en lo bueno y no pretendo dar importancia a lo malo. Por eso de vez en cuando tengo que soltarlo todo de golpe... Nunca había tenido tantas de ganas de que acabara un año. Ha sido uno de los peores, por no decir el peor, a pesar de que he conseguido cosas. Nunca lo había pasado tan mal. Me he sentido sola en muchos momentos especiales. No haber podido celebrar las cosas bien. Demasiado tiempo sin un sonrisa verdadera, que saliera porque sí, porque tenía realmente ganas... Afortunada o desgraciadamente, la verdad no lo sé, todo eso pasó. Por una parte estoy feliz y tranquila. El sufrimiento sigue, pero de una manera distinta y esta vez, en ocasiones, las lágrimas van acompañadas de una sonrisa. Ha tenido que pasar esto para darme cuenta yo, y también para que se den cuenta los demás, de los verdaderos sentimientos. Es triste. Pero me consuela y me alegra saber que a pesar de los años ese sentimiento sigue existiendo, y seguirá exisiendo.
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